Las luces y las sombras de un pensador

Mario Briceño Iragorry: de Conservador a Revolucionario

Por Nelson  Morales

A raíz de los cambios políticos producidos en Venezuela, 1936-1952, tras la muerte del dictador Juan Vicente Gómez, Mario Briceño Iragorry cambió su pensamiento político de conservador a demócrata-liberal.

Es cierto que durante el gomecismo, Mario Briceño ocupó desde muy joven cargos importantes. Entre los que destacan: gobernador, cónsul y secretario de política. Sin embargo, en su madurez, Briceño Iragorry tuvo la oportunidad de redimirse y rectificar a favor de los valores democráticos.

Su infancia y su pueblo

Proveniente de una familia campesina de la “justiniana pobreza” (expresión utilizada por él en su libro Mi infancia y mi pueblo), era el mayor de cinco hermanos. Tenía once años cuando falleció su padre. Briceño Iragorry en este libro al hablar sobre su madre, María Iragorry, sostiene: Ella me enseñó a amar la vida y me enseñó a buscar como finalidad de las acciones humanas algo más que satisfacción de un lucro material (…) La historia de mi madre, que es parte sustancial de la historia de mi vida, está unida placentariamente con Trujillo”.

Mario Briceño describe sus inicios en el mundo de las letras de la siguiente manera: “Inicié mis lecturas con profundo desorden, sin cuidarme de la preceptiva literaria: Víctor Hugo, Schopenhauer, Voltaire, Diderot, Volney, Jovellanos, Humbolt, Queiroz y Vargas Vila hacían una mezcolanza extraordinaria en mi indisciplinada mente.

A sus 19 escribió el prólogo del libro “Recuerdos de mi Parroquia” de José Félix Fonseca y a los 20 fungió como director de la imprenta del estado Trujillo.

Indudablemente, un personaje de suma importancia en el destino de Briceño Iragorry es su tío político, Victorino Márquez Bustillos, esposo de su tía Enriqueta Iragorry, y diputado entre los años que precedieron a la Revolución Liberal-Restauradora. Márquez Bustillos fue nombrado por el mismo Juan Vicente Gómez como presidente provisional de la república (1914-1922), debido a su decisión de irse al estado Aragua a comandar el ejército desde allí.

Más adelante, Don Mario reconocería:En mi Juventud serví a la dictadura, sin ninguna formación cívica, tenía que seguir por gravedad de circunstancias el movimiento que me marcaba el propio medio familiar (…) Veinticinco años tenía cuando mi tío político, el doctor Victorino Márquez Bustillos, entonces presidente provisional, me llamó a Caracas y me hizo elegir Secretario de la Cámara de Diputados”.

Un funcionario del Gomecismo

En 1918 decide irse a Mérida a estudiar Derecho en la Universidad de Los Andes; grado que alcanza en 1920. Su estadía en Mérida constituiría un punto de quiebre entre el joven de ideas desordenada y el escritor maduro de ideas profundas.

Alí Medina Machado sostiene: “Briceño Iragorry se va a Mérida porque es una ciudad mucho más adecuada para desarrollar la inteligencia que su Trujillo natal”. Allí conoce a quien por el resto de su vida sería su pareja, Josefina Picón, hermana de otro acaudalado escritor y pensador venezolano que influiría decisivamente en él, se trata de Mariano Picón Salas.

Picón Salas es para muchos el más lúcido pensador y escritor merideño de ideas universales. Este intelectual influyó tanto en el plano intelectual como en el político de MBI.  Junto a Picón Salas, Enrique Celis y Antonio Spinetti, Mario Briceño Iragorry funda la revista “Arístides Rojas”. Incluso, se puede decir que la carrera diplomática de Briceño Iragorry fue inducida por su cuñado, pues, este trabajaba como funcionario de la cancillería venezolana.

Victorino Márquez Bustillos y Mariano Picón Salas indudablemente estuvieron detrás de los nombramientos de Briceño Iragorry como secretario del Congreso, secretario de gobierno, gobernador y cónsul durante la dictadura de Gómez.

Contra el golpe de AD

Para 1945 el pensamiento político de Briceño Iragorry ha sufrido un cambio profundo. Su estadía de 5 años en Costa Rica fue determinante en el cambio de concepción sobre el tipo de gobierno que debía tener Venezuela. A su regreso habla con contundencia en contra de los gobiernos dictatoriales y aprecia las libertades y la democracia como valores esenciales para la realización de nuestra vida como nación.

Se opone férreamente al golpe de estado perpetrado contra Medina Angarita y sobre esto diría: “Gallegos llegó a la presidencia de la república como consecuencia de un golpe de Estado, perpetrado contra el gobierno más libre y democrático que ha tenido Venezuela en sus ciento treinta y nueve años de vida independiente”.

En su carta a Andrés Iduarte, importante intelectual mexicano, explica su oposición al gobierno de AD junto a los militares y le dice que desde el punto de vista literario siente un profundo respeto por Rómulo Gallegos, pero que como político era algo muy diferente.

Su militancia en URD

Después del golpe de estado a Medina, Mario Briceño va cada vez tomando más distancia de los sectores que apoyó de joven. Su tránsito hacia la madurez lo lleva del pensamiento conservador al revolucionario, al contrario de lo que ocurre con muchos intelectuales.

En 1948 apoya decididamente la candidatura de Jóvito Villalba a la presidencia de la república. Estas elecciones son ganadas por Rómulo Betancourt. Son años del verdadero despertar de la conciencia de Mario Briceño, cuando pasa de contemplar la historia y ser un funcionario de las dictaduras militares a criticarlas con contundencia.

Definitivamente URD era una organización revolucionaria. Para el momento luchar a favor de las libertades y la democracia era luchar a favor de las ideas revolucionarias. Luego de la revolución cubana (1959)  el término revolucionario toma otra connotación en América Latina.

En la siguiente cita, tomada del libro de Tarcila Biceño, “Ideario Político de Mario Briceño Iragorry”, se constata su militancia en URD y su posición crítica frente a los resultados de las elecciones de 1952:  “A un legítimo resultado de SESENTA Y SIETE escaños para Unión Republicana Democrática y DIECINUEVE para el Partido  Socialcristiano,  contra DIECISIETE ganados  por  los  grupos  gubernamentales,  la dictadura,  por  medio  de  una  adulteración  infame, dijo oficialmente que éramos VEINTISIETE los diputados de Unión Republicana Democrática y CATORCE los del Partido Socialcristiano”.

El verbo encendido en los 50

Alí Medina, profesor de literatura del NURR y estudioso de la obra de MBI,   sostiene en su libro “La memoria trascendente de Mario Briceño Iragorry” que este trujillano fue un maestro del buen decir por su ejemplar escritura y también por su verbo candente en el discurso y el debate.

Desde el campo de la retórica, MBI cuestiona al poder militar como violento y asegura: “En sus recias manos, los frágiles principios se quiebran fácilmente y la simbólica espada de la justicia se convierte en recio machete de terror”, palabras que denotan su cambio de concepción.

Domingo Miliani, reconocido ensayista, narrador, poeta y literato trujillano, en sus memorias relató que como parte de una organización de jóvenes, invitaron a MBI a dar una conferencia en el Liceo “Andrés Bello”: “Nos habló emocionadamente con una sencillez ejemplar. El auditorio estaba repleto. Trató los problemas de nuestra riqueza histórica, del pasado y del presente; de los piratas y saqueadores de ayer y de hoy, nos dijo verdades que necesitábamos con hambre peleadora”.

A la salida del evento varios hombres de la dictadura abordaron a Briceño Iragorry y le hicieron montar en un auto junto con los organizadores de la conferencia, Miliani revela que los llevaron a una vieja oficina de  El Paraíso. Al rato de haber llegado apareció un hombre y le dijo a Mario Briceño: “ha sido una equivocación, usted puede irse tranquilo” y su respuesta categórica fue “yo vine con ellos; o nos vamos todos juntos o yo también me quedo”.

En 1953 desde San José de Costa Rica calificó al gobierno de Pérez Jiménez como: “la LACRA QUE CORROE el continente”.

En febrero de 1958 instó a mantener el  “fuego de la protesta contra la peor de las dictaduras que ha sufrido Venezuela. Hecha luz sobre los procedimientos de terror, de crueldad y de latrocinio que sirvieron de apoyatura al grotesco régimen tecno-fascista, en hueras palabras llamado del “nuevo ideal nacional”, nadie osará desmentir a quienes con riesgo de nuestras propias vidas lo acusamos y adversamos”.

En los años 40 produjo tres novelas históricas,  en las cuales devela las grandezas y picardías del pasado histórico nacional, en los libros El caballo de Ledesma y El regente Heredia o la Piedad Heroica. Por otra parte, describe las conductas oportunistas y ambiguas en “Casa León y su tiempo”.

Un aspecto destacable es que cuando se refiere a “conservar” las tradiciones, es todo menos conservador; al contrario, sus posiciones al respecto tienen un tinte revolucionario: “No debe entenderse que la tradición sea una actitud estática y conformista, que convierta a los hombres nuevos en meros y necios contempladores de los valores antiguos. La tradición es la honda creadora que va del ayer al mañana”, afirma en Mensaje sin Destino.

Tarcila Briceño, miembro de la fundación “Mario Briceño Iragorry”, explica en “Ideario político de Briceño Iragorry”: “Para Briceño Iragorry, la venezolanidad, como elemento creador de nuestra identidad de pueblo, estaba hondamente enraizada, y en forma indisoluble, a la historia y la identidad de la América hispana. Dos escalas geohistóricas que permiten ver el  problema en una amplia dimensión diacrónica y sincrónica, sustentadas por la lengua y la tradición religiosa y cultural”.

En ese sentido,  escribe en 1952 una de sus obras más conocidas Mensaje sin Destino donde hace un análisis de nuestra “Crisis de Pueblo” y entre otras cosas concluye: “La historia no ha realizado entre nosotros su verdadera función cultural y el pueblo vive aún en la linde mágica de la liturgia de efemérides”.

Destaca igualmente que los pueblos que no perpetúan sus signos en las nuevas generaciones son pueblos con colectividad en decadencia. La obra de Mario Briceño es una suerte de sociología histórica,  nos explica que somos un pueblo carente de sustento que sostenga nuestra nacionalidad. Al respecto asegura en 1955 en carta a Miguel Ángel Burelli: “Como pueblo y como intelectuales carecemos de primer piso. Hemos sido alegremente montados al aire”.

Candidato a la Asamblea Nacional Constituyente

Don Mario, después del derrocamiento de Medina Angarita se identificó con los planteamientos del partido liberal URD, quizá el momento estelar de la vida política de Briceño Iragorry vendría de la mano de ellos en las elecciones de 1952 para elegir la Asamblea Nacional Constituyente.

En esta oportunidad, el partido URD lo presentó como diputado por Caracas, y aunque finalmente se desconocieron sus resultados por parte del partido Frente Electoral Independiente (FEI) dirigido por Marcos Pérez Jiménez, se presume que Villalba y Briceño Iragorry habrían obtenido una contundente victoria electoral. Al respecto Briceño Iragorry manifestó “Jamás dejaré de bendecir  la hora en que autoricé a Jóvito Villalba para que pusiese mi nombre en la papeleta electoral de Caracas”.

Sobre su candidatura y sobre el pueblo diría “Yo tengo fe en las reservas morales de Venezuela. Cuando he hablado en los barrios con los hombres y con las mujeres que apoyan mi candidatura, he reafirmado la certidumbre de que está maduro nuestro pueblo para discernir sobre política”.

El exilio como muestra de su cambio

Los acontecimientos de las elecciones de noviembre de 1952 desembocaron en el desconocimiento de los resultados por parte del FEI (partido de Pérez Jiménez). Este evento sería justificado por el ideólogo del Nuevo Ideal Nacional, Laureano Vallenilla Lanz Planchart, de la siguiente manera: “La  hora  es  difícil,  dramática. Habrá que escoger entre el resultado del sufragio y el desarrollo del país. En una Nación civilizada no se plantearía el dilema”.

Tras el desconocimiento del resultado y la instauración de un gobierno provisional en primera instancia, los mandos de URD y Copei no tuvieron otra opción que exiliarse. Mario Briceño fue uno de estos, quien indudablemente había ganado las elecciones por el distrito federal al mismo Lanz Planchart, que también era candidato a la ANC.

Seis años vivió Mario Briceño fuera de Venezuela, todos los años que duró la dictadura de Pérez Jiménez. Durante esa etapa se dedicó con efervescencia a denunciar el gobierno pérejimenista. En 1958 escribió: “Yo, con el derecho de la veteranía en la lucha contra el régimen caído, me limito a reproducir las palabras con las cuales ataqué durante su mando infeliz al verdugo de las libertades de mi Patria”.

Los 6 años del exilio significaron una etapa  inmensamente fecunda para terminar de darle forma a sus ideas y escribir su última obra “Los Riberas”.

Héctor Mujica, líder del partido comunista, manifiesta en un discurso tomado del libro de Tarcila Briceño la admiración que todos sienten por él, cuando en un acto público dice “… los malos hijos de la patria salen, mientras que los buenos regresan…”.

En abril de

1958, su paisano y tocayo Mario Briceño Perozo, gobernador de Trujillo para el momento, intenta poner el nombre de Mario Briceño Iragorry al actual Grupo Carabobo, a lo cual Briceño Iragorry se negó rotundamente. El Exilio es una prueba irrefutable de que Briceño Iragorry cambió profundamente su pensamiento y convicciones políticas de conservador a demócrata liberal.

Obra y aportes de Briceño Iragorry

La obra de Briceño Iragorry se puede catalogar como histórico-nacionalista. Dentro de sus obras destacan novelas históricas que relatan momentos y personajes importantes de la historia pre y pos independencia y ensayos sobre nuestros problemas como pueblo. Es un consecuente articulista en diversos diarios, pero su contribución periódica más importante fue su columna de los miércoles en “El Nacional” llamada “Bitácora”. En su haber hay cientos de cartas a los intelectuales más importantes del momento, ganó en dos oportunidades premios de literatura. Sus libros más importantes son “Mensaje sin Destino”, “El caballo de Ledesma”, “Casa León y su tiempo”, “El regente Heredia o la Piedad Heróica”  y  “Los Riberas”.

Sus aportes consisten en hacernos ver los fallos que hay entorno a nuestra concepción como pueblo, nos insta a buscar comunes denominadores que nos den densidad histórica para ascender de pueblo a nación. La lucha de Briceño Iragorry tiene dos objetivos: buscar la libertad y la democracia para el pueblo venezolano y rechazar los signos extranjeros que intentan socavar nuestros valores patrios.


Para comentarios
[email protected]

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.